James Croll: El héroe desconocido del cambio climático

James Croll: El héroe desconocido del cambio climático

Comparto con ustedes la inesperada carrera profesional de James Croll, un individuo que dejó frío a la más rancia sociedad científica británica de los albores del siglo XIX. Esta es la historia de un héroe desconocido y quien fue uno de los precursores de las ciencias climáticas modernas.

Photograph of James Croll from J. C. Irons (1896)

Quizás muchos de ustedes saben quien es Al Gore y lo asocian directamente más por su campaña sobre el cambio climático, que por haber sido vicepresidente de los EE.UU. por un lapso de ocho años….. Por cierto, dejo aquí muy en claro que Gore tiene sus méritos sobre la promoción del problema del calentamiento global y tampoco hay que ningunearlo.

Sin embargo, nadie tiene la minúscula idea de quién es James Croll, lo cual es un caso de injusticia mayúscula, puesto que este caballero fue nada menos que el fundador de las ciencias meteorológicas y el padre de los estudios del cambio climático planetario.

James Croll, quien era un científico que se carteaba frecuentemente con Charles Darwin, llegó a ser uno de los más insignes investigadores del Servicio Geológico de Escocia. El tipo escribió seis tomos sobre filosofía, evolución, cosmología y clima, agregando además que fue elegido unánimemente como miembro de la exclusiva Sociedad Real de Londres para el Avance de la Ciencias Naturales y, posteriormente, de la Academia de Ciencias de Nueva York.

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Como podrán ver, Croll tenía un palmarés destacadísimo. Pero la vaina no se queda aquí.

La sorpresa se la llevó “Raimundo y todo el mundo” cuando, entre 1860 y 1865, la acreditada revista científica Philosophical Magazine, comenzó a publicar trabajos sobre hidrostática, astronomía, geomorfología y clima, los cuales eran artículos de una absoluta y profunda erudición académica, siendo su creador James Croll, de la Universidad de Glasgow.

Los editores de la revista, deseando conocer a tan brillante autor de esa universidad, fueron a Glasgow y se dieron el baño de agua fría cuando se enteraron que el Sr. Croll no era ningún académico de esa institución, sino más bien el conserje de una de las facultades.

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Antes de ser bedel, James Croll fue carpintero de carruajes, portero de un hotel y vendedor. Al llegar a la Universidad de Glasgow y ocupar el puesto de conserje, se dedicó a leer y estudiar de manera autodidacta en la biblioteca de esa institución. Su pasión por las disciplinas geológicas, climáticas y de mecánica estelar llegó a ser tal, que le pagaba a su hermano varios turnos de trabajo para dedicarse él a leer libros de ciencias en la biblioteca.

El trabajo de Croll fue tan impecable que le dieron un título honorífico en dicha universidad.

Moraleja

Cuando usted vea alguien haciendo un trabajo modesto, piense que esa persona, o usted mismo, puede llegar a ser igual o mejor que James Croll, quien supongo debe ser el inventor del refrán que dice: “No se puede atravesar el mar simplemente mirando el agua, hay que nadar”.

En esta época del internet y las bibliotecas virtuales al alcance de todos deberíamos tener miles de Croll entre nosotros. Lo único que se necesita es actitud, disciplina, empuje y la autodeterminación de aprender.  Los recursos están ahí, a la vuelta de la esquina o de la pantalla.

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